Debe someterse a una operación en la cabeza y realiza colectas

(08-06-2020) Es docente. Para reunir los fondos decidió acudir a la solidaridad de la comunidad: urnas en comercios y rifas en la búsqueda de una mejor calidad de vida.

Se trata de Matías Cabrera, un docente puntano de educación física. Tiene 39 años y será la segunda operación a la que se somete.
La nueva y compleja intervención se realizará en Córdoba. La obra social solo cubre “de manera parcial”. Cabrera contó que debe reunir por cada una de las cirugías que le practiquen $255 mil. Solo una sin el aporte de la mutual cuesta $860 mil.
En un principio, los profesionales que lo atienden le indicaron que necesitaría entre tres y cinco operaciones pero tras realizarle la primera, “de manera exitosa” el pasado 11 de mayo, le explicaron que podría ser solo una más.
En concreto, debe reunir el dinero para la práctica quirúrgica que ya le hicieron y para la segunda: en total son $510 mil.
No habrá una tercera, dependiendo de cómo se adapte y qué tan bien reciba el procedimiento.
Para ello, es que Cabrera en las últimas semanas decidió realizar diferentes actividades para reunir el dinero con amigos y familiares. La primera de ellas fue una rifa en la que colegas de sus lugares de trabajo, alumnos y conocidos se acercaron para ayudar.
Pero con el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio el envión que traían fue frenado en gran parte. Torneos de fútbol que habían organizado tuvieron que ser suspendido.
Más allá de esto, siguieron apelando la solidaridad. Un primo suyo, por ejemplo, decidió poner una urna en una carnicería ubicada en la avenida Justo Daract y Circunvalación.
“Ayudame con un redondeo de monedas y si está dentro de sus posibilidades, deposita cualquier colaboración”, reza el mensaje que acompaña la caja.
Al igual que al resto de la sociedad, la cuarentena lo golpeó fuerte. Su esposa, profesora de gimnasia aeróbica independiente, tuvo que suspender las prácticas.
“Son momentos difíciles pero que seguramente lo superaremos porque contamos el apoyo de toda una comunidad”, dijo Cabrera en declaraciones a El Chorrillero.
El docente es un hombre de familia y con toda una vida por delante. Vive con su pareja y tiene tres hijos: dos varones de 9 y 6 años y una nena de 4.
Desde su nacimiento, según contó, presenta una mala formación en el cerebro, y recién ahora fue detectada. Presenta un entrelazamiento de arterias y venas que dificulta el transporte de sangre y que derivaron en varios ACV.
En la entrevista, relató cuándo fue que comenzaron los primeros episodios de este tipo y cómo transita su día a día en la actualidad.
Hace 12 años, mientras jugaba un partido de fútbol, tuvo un golpe que le provocó un ataque de epilepsia. Pero pese a ser atendido no vieron nada.
“Recuerdo que tenía fuertes dolores, molestias, zumbidos y la cara anestesiada como cuándo vas al dentista. Cuando me hago ver me dijeron que no presentaba nada y que se debía a problemas personales que tenía en aquel entonces”, contó.
Pero si bien pudo convivir durante estos últimos años de una “manera tranquila”, es en diciembre cuando su salud empeoró: tuvo un ACV mientras caminaba.
En enero volvió a tener otro y en febrero tres. Si bien se tratan de ataques leves de grado uno y dos, su cuerpo tuvo consecuencias, sobre todo motrices.
“Hasta el día de hoy me pasa que estoy acostado o parado y siento que me pinchan con una aguja en la pierna o en el pie cuando en realidad no pasa nada. O cuando mis hijos me acarician el brazo siento la misma sensación”, manifestó.
Una de las alternativas que le dieron en la provincia fue una intervención a cerebro abierto “que podría dejar graves secuelas”, dijo.
Esto fue descartado y finalmente fue derivado al Instituto Oulton de la capital cordobesa: un centro de especializado en diagnóstico por imágenes y en prácticas médicas y quirúrgicas ambulatorias.
Contó que en un principio la cobertura fue rechazada por Dosep, la obra social de la Provincia. Pero tras la insistencia, aceptaron hacerlo aunque de manera parcial: del total de cada intervención, el organismo debe abonar $605 mil.
Al tratarse de un procedimiento que requiere de insumos importados, el nosocomio se rige por valor dólar y la cifra podría modificarse en la segunda operación.
Debe someterse a una neroembolización. “Tienen que hacerme un pequeño corte en la ingle derecha, meten una especie de cañito, llegan al cerebro y trabajan”, explicó.
Si bien el tratamiento es “sumamente invasivo”, la esperanza de tener una mejor calidad de vida por parte de Cabrera es más grande.

Fuente: El Chorrillero