Opinión. Impunidad comunitaria.

(13-5-2020) La violación sistemática de la cuarentena dejó al desnudo un problema cultural que generaron quienes ahora le exigen disciplina a una sociedad acostumbrada a saltarse las normas.

Desde el inicio de la aplicación del decreto presidencial de aislamiento social, preventivo y obligatorios, allá por el 20 de marzo, los argentinos fuimos testigos de la falta de responsabilidad y solidaridad por parte de un importante sector de la sociedad, acostumbrada a violar -una y otra vez- las normativas legales que se imponen -en este caso- para evitar la propagación del coronavirus.

En San Luis, la Policía detuvo e inició sumarios judiciales a un promedio diario de un centenar de personas por incumplimiento de las normas y leyes vigentes tendientes a evitar la introducción y/o la propagación de la pandémia. La cifra fue disminuyendo a medida que se flexibilizó la cuarentena. Entre los detractores de la ley hubo un sacerdote, una psicóloga, abogados, policías, dirigentes políticos, funcionarios y ex funcionarios de distintas extracciones partidarias. Ninguno de ellos predicó con el ejemplo.

La orden del Poder Ejecutivo a la Policía fue ejercer un estricto control sobre la población, para el efectivo cumplimiento del DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) dictado por el Presidente Fernández sin embargo, sorprendió a propios y extraños las dificultades que muchos ciudadanos tienen para sostener las exigencias del encierro y el aislamiento o simplemente, cumplir la Ley.

Al comienzo de la implementación del DNU más de uno habrá pensado que “no pasaba nada” y eligió seguir con su vida normal total… no pasa nada cuando violamos tanta otra legislación nacional, provincial o municipal, ¿por qué esta vez sería distinto?.

No hace falta dar ejemplos de la impunidad reinante en el país, la misma que impera hasta en los más pequeños pueblos del interior. ¿Quién no cometió un acto de corrupción por mínimo que parezca?, ¿quién no conoce acaso algún vecino que pide certificados truchos para faltar al trabajo o para realizar algún trámites, y al médico que se presta para eso?; ¿quién no cuanta con un funcionario amigo que nos “da una mano”, o nos gestione por izquierda un beneficio que no nos corresponde?. Es así, con estos ejemplos, como los mismos responsables de hacer cumplir la Ley nos enseñaron a eludirla.

Todos sabemos de las muchas normativas sancionadas para ordenar la convivencia ciudadana que se pasan por alto, porque sabemos que no se harán efectivas jamás, salvo decisión política firme de modificar situaciones o malas costumbres propias de un electorado mayoritario de un distrito determinado.

Curiosamente, los mismos funcionarios que tienen el poder de hacer cumplir o no las leyes según les convenga, son los que ahora se ponen estrictos y sin miramientos particulares. La Ley -esta vez- parece caernos con todo su peso y a todos por igual, o a casi todos bha!

Como reflexión se nos generan también muchos interrogante. Podríamos pensar que si en esta ocasión, sin reparar en el famoso costo político el Gobernador de San Luis fue capaz de ordenar el estricto cumplimiento del DNU, ¿no será ésta la oportunidad para que aprendamos a respetar toda la legislación que nos rigen la vida en sociedad?, ¿serán capaces los gobernantes de exigir desde ahora, y con el fin de resolver otros problemas comunes, el cumplimiento del resto de las normas que nos rigen para una armoniosa convivencia ciudadana?.

El tiempo dirá -en definitiva- qué enseñanzas y qué cambios sociales nos dejará la histórica pandémia de coronavirus.

Silvana Sola
La Posta de San Luis