Vecinos de los parajes Santa Rita y El Valle volvieron a pedir por agua

(03-01-2020) Gran parte de las comunidades están conformadas por gente mayor. A fines del 2018 el Gobierno provincial se comprometió a realizar un ramal del acueducto Nogolí, pero aún no se construyó. “Es desesperante la situación”, plantearon.

La lucha de quienes viven en los parajes Santa Rita y El Valle comenzó a visibilizarse hace más de un año. Apelaron a las redes sociales para dar a conocer que las represas se habían quedado sin agua y pedir una solución que les permitiera continuar habitando en esos lugares.
Las comunidades están ubicadas en el noroeste provincial, a la altura del kilómetro 906 de la Ruta Nacional Nº 147. Están unidos por un camino de tierra de seis kilómetros.
Pocos días después que realizaran el reclamo, desde el Gobierno de Alberto Rodríguez Saá se comprometieron a construir un ramal que estaría conectado al acueducto Nogolí. Este último se encuentra a seis kilómetros de ambos parajes. Hasta hoy solo fue una promesa.
La preocupación los motivó a realizar un nuevo comunicado a través de Facebook en donde enmarcaron como deseo para el 2020 “empatía” de parte de las autoridades provinciales. Luego de que se hiciera visible la problemática, la senadora Mabel Leyes (Belgrano) presentó un proyecto de declaración para que el servicio llegue a los pobladores.
“Les pido con el corazón y con lágrimas en los ojos, con impotencia pero a la vez con esperanza y fe. A cada uno de los diputados, senadores del partido político que sean, a usted señor gobernador y a todos aquellos que tienen nuestro destino en sus manos, que tienen la posibilidad de mejorar nuestra calidad de vida (…) para este año 2020, la conexión al acueducto de Nogolí”, escribieron.
Resaltaron que se trata de “simplemente seis kilómetros” que pueden “cambiar la vida de todos”. “Es desesperante recibir de esta forma Año Nuevo, sentir esta angustia, esta impotencia, esta tristeza. Ya se cumplieron más de 13 meses de aquella nota dando a conocer la realidad que vivimos”, recordaron.
Las comunidades están integradas por alrededor de 45 habitantes. La gran parte son personas mayores que han vivido toda su vida en la zona y no piensan emigar. Pero la falta de agua dificulta sus posibilidades de subsistir.
Las opciones que tienen son pocas y costosas. Deben realizar largos viajes para poder buscar agua en sus vehículos o comprar camiones que lleven hasta el lugar. Con sacrificio lo hacen para que no mueran sus huertas, animales y sueños.
“Todos los años es la misma historia, problemas con el pozo público, vecinos que no tienen los medios para acarrear el agua, gente mayor de más de 70 años con bombas pesadas para llevar sus casas y a los animales. Entrando a septiembre las represas tienen suministro, pero podrida como para lavar platos, ropa y bañarnos. Teniendo la solución tan cerca”, criticaron.
La situación se agrava más debido a la gran sequía que se registró en toda la provincia durante el último año.
“El agua es vida y sin agua no hay vida” concluyeron.