La diputada Elena Pastor evalúa abandonar el bloque SLU

(7-10-19) Vía redes sociales, la legisladora del departamento Pedernera emitió una dura crítica contra sus colegas del bloque San Luis Unido porque votaron a favor de la Ley de Escuelas Generativas. 

"Cómo pudieron los Diputados de mi bloque, bloque que evalúo si podré seguir integrando, aprobar, con mansedumbre bovina, la Ley de escuelas generativas?", disparó Pastor.

El miércoles pasado la Cámara de Diputados aprobó la normativa propuesta del Poder Ejecutivo provincial que le da el marco legal a las escuelas creadas por el Gobernador Alberto Rodríguez Saá.

Al respecto de esta situación, la dirigente radical convocó a los integrantes de su bloque a una reunión para este martes a las 18:00 para discutir los motivos del voto a favor de las escuelas generativas. Luego Pastor decidirá si conforma un bloque unipersonal. 

La interna de San Luis Unido llevó al alejamiento de dirigentes de distintos partidos que integran el interbloque,  tales como Walter Oio, Bartolomé Abdala y Alberto Fara.

A continuación el posteo completo que este fin de semana publicó Elena Pastor:

"El radicalismo llevó como bandera su compromiso con la educación pública, laica, gratuita y obligatoria, de excelencia para todos, como elemento de democratización y construcción de ciudadanía, de integración social e igualación de oportunidades, de potenciación de nuestras posibilidades de consolidar sobre bases firmes un proceso de crecimiento, modernización, y desarrollo económico sostenible.
Es una característica inmanente de la doctrina radical, la necesidad de que la formación del futuro ciudadano contribuya a la consolidación de una sociedad pluralista, solidaria y justa, que promueva y consolide la democracia social. En ese sentido debemos seguir bregando por caminos que lleven a esos logros.
Somos la Unión Cívica Radical, somos la Educación pública, gratuita, laica y de excelencia. Somos el guardapolvo blanco de Yrigoyen instaurado luego del Primer Consejo Nacional de Educación hace 100 años casi, allá por Noviembre de 1919. Somos el partido de la Reforma Universitaria que permitió y permite el acceso de los sectores más humildes a la educación pública.
Somos el Gobierno de Illia que más invirtió en educación pública y ciencia y técnica. Somos la recuperación de la democracia, y con ello la reorganización de los Centros de Estudiantes y Federaciones Universitarias, que garantizan la universidad pública desde el `83 hasta nuestros días. Somos el Congreso Pedagógico Nacional de Alfonsin.
Somos la defensa de la Educación Pública ante cada embate e intención de vulnerarla incluso ante gobiernos propios, nuestra historia nos recuerda cada día de qué lado debemos estar, no podemos darnos el lujo de ignorarla.
¿Qué fue lo que nos pasó que nos hemos olvidado de esta bandera? ¿Cómo pudieron los Diputados de mi bloque, bloque que evalúo si podré seguir integrando, aprobar, con mansedumbre bovina, la Ley de escuelas generativas? ¿Qué nos llevó a ir en contra de nuestra historia? ¿Dónde quedó ese radicalismo que nos brindaba su casa en épocas de lucha por los Derechos de los Docentes que esta Ley que ayer aprobaron tanto vulnera?.
La Unión Cívica Radical tenía la oportunidad y la obligación de ratificar la denuncia constante de la tarea destructiva en educación realizada en nuestra provincia desde la década del 90 hasta el día de hoy. Con un gobierno que produce cambios inconducentes y fatídicos para la formación y la excelencia de nuestros alumnos y los Derechos de nuestros docentes. No se estuvo a la altura de las circunstancias.
Esta situación me lleva a repensar mi pertenencia al bloque de Diputados, porque estoy persuadida que no todo vale lo mismo, que no todo se negocia, y mucho menos la Educación del pueblo, esa que no se vende, se defiende.
Creo no equivocarme al afirmar que esta postura, contraria a mis compañeros de bloque de Diputados, que aprobó la nefasta Ley de Escuelas Generativas, reafirma mi pertenencia radical, porque en definitiva, como decía Moises Lebensohn, “El Radicalismo no es una etiqueta que se coloca sobre un hombre como sobre un frasco en una droguería. Es un contenido. Quien no alienta pasión de justicia y a su influjo gobierna su vida, no es radical por más que así se titule y por alta que sea su ubicación en el escalafón partidario. Radicalismo no es una mera adscripción a un partido. Cual la democracia, es una norma de conducta, un estilo de vida.”