Todo sobre Crisóstomo Lafinur

(26-1-17) Ante los 220 años del natalicio del hijo de La Carolina, el libro "En torno a Lafinur" invita a profundizar en sus raíces filosóficas y poéticas.
La obra publicada en 2011 por San Luis Libro, a lo largo de sus 232 páginas, reúne la investigación de Juan W. Gez sobre quien fue un adelantado a su época y la tesis doctoral escrita por Delfina Varela Domínguez de Ghioldi.

En el prólogo, la historiadora Teresa Fernández Bengoechea explica que Gez, destacado investigador de las Ciencias Sociales, y Delfina Varela, reconocida docente de filosofía del siglo XX, convergen en el estudio y difusión de la vida y obra de Juan Crisóstomo Lafinur, quien nació el 27 de enero de 1797 y murió el 13 de agosto de 1824, a los 27 años.
“Nuestros tres autores confluyen en un idéntico sentir: el amor y la entrega a la docencia. Común característica que los identifica, por otra parte, con su tierra natal, cuna de maestros”, apunta Fernández, quien considera que la obra poética de Lafinur tiene doble vertiente: por un lado, como prerromántica, sobre todo por sus trabajos intimistas; y por otro lado, dentro de sus composiciones patrióticas se lo ubica en el neoclasicismo.
Fernández cita al historiador Juan María Gutiérrez cuando destaca la visión del puntano: “Lafinur no se proponía, en su curso, formar filósofos meditativos que pasasen la vida leyendo, como faquires de la ciencia, los fenómenos íntimos del yo; quería formar ciudadanos de acción, preparar obreros para la reconstrucción que exigía la colonia emancipada”.
En su investigación, Juan W. Gez describe la personalidad de quien fue pionero en el desarrollo del pensamiento argentino. “Era de ordinario muy reservado, reflexivo y hasta frío por naturaleza; pero en la intimidad o en la cátedra, y sobre todo cuando un asunto le interesaba, daba franca expansión a sus ideas y sentimientos, tornándose comunicativo, insinuante y hasta locuaz, siendo de admirar entonces su palabra fácil y los ademanes enérgicos con que acentuaba sus razonamiento. Al choque de las ideas y al calor de las pasiones que agitaban su alma, adquiría el temple de los luchadores y los apóstoles. Era la improvisación la característica de su oratoria feliz”, lo retrata Gez, quien en el libro aporta, además, documentos y composiciones poéticas.
Este viernes, a las 18:00, se realizará un acto por los 220 años del natalicio de Lafinur, en el Museo de la Poesía de La Carolina.

 Más sobre Lafinur, "El señor de las ideas"
Se cumple un nuevo aniversario del natalicio del hijo de La Carolina. El legado vigente de un adelantado a su época que fue filósofo, educador, poeta, soldado, músico, periodista, abogado y exiliado.
Crisóstomo Lafinur nació en el valle de La Carolina, el 27 de enero de 1797. Sus padres, don Luis -español- y doña Bibiana Pinedo de Montenegro -natural de Córdoba del Tucumán- llegaron a la localidad atraídos por su fama minera.
“A fines del siglo XVIII, La Carolina tenía 50 casas bien construidas y un comercio muy activo. Las Invasiones Inglesas y la Revolución de Mayo paralizaron el laboreo en las minas puntanas. Muchos de los pobladores de la región debieron abandonarla, por su incorporación a los ejércitos de la patria. Por iguales motivos la familia Lafinur pasó a Córdoba”, indicó Delfina Varela Domínguez de Ghioldi en su prefacio sobre un curso filosófico del prócer.
En Córdoba, Crisóstomo ingresó al Colegio “Monserrat”. En 1810 se inscribió como alumno de la Universidad. Fue designado bedel.
Varela detalla la atmósfera que respiraba el puntano: “La Universidad de Córdoba había sufrido una seria transformación ideológica. Gobernada 200 años por los jesuitas y 40 años por los franciscanos, pasó a manos del clero secular después de las Invasiones Inglesas. El virrey Liniers la entregó al deán Funes. Fue él quien, después de su viaje a Europa -donde se empapó de la filosofía de Port-Royal, los enciclopedistas e ideólogos franceses- emprendió una verdadera remoción de los estudios filosóficos y teológicos. Se incorpora por entonces el dibujo, las matemáticas y el idioma francés a los estudios clásicos de la universidad.”
La Revolución de Mayo permitió la difusión de libros prohibidos: Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot, Condorcet. Volney, entre otros. Tales lecturas fueron saboreadas por Lafinur, quien supo cultivar poemas bajo esa influencia.
Cursó tres grados en la Universidad de Córdoba: bachiller, licenciado y maestro de Artes (Filosofía), pero fue expulsado en 1814. Ese año se incorpora al Ejército del Norte, al mando de Belgrano, quien había hecho crear una Academia de Matemáticas en Tucumán, para la educación de sus oficiales y soldados. A ella acudió Lafinur. (La Academia fue dirigida por el francés Juan José Dauxion Lavaysse, ex soldado de Napoleón, emigrado a América con la caída del Imperio). Permaneció en las filas militares hasta el 14 de septiembre de 1817.
Hombre de la Ilustración
“Lafinur pertenece a esos espíritus selectos y nobles caracteres que aparecen de tarde en tarde para dar impulso y tomar la iniciativa de alguna empresa social. A él le tocó una época difícil en que debía hacerse todo, en que todo debía improvisarse en los anhelos de acelerar la marcha hacia un alto fin, vislumbrado allí en lo íntimo de una vasta concepción mental. No aminora sus méritos el que haya sucumbido en el laudable propósito, porque no estaba al alcance de un hombre vencer los obstáculos que oponían a su propaganda poderosos aliados”, dice en su libro “El Doctor Lafinur”, el historiador Juan W. Gez.
En 1818, el puntano se vincula a la Sociedad para el fomento del Buen Gusto en el Teatro, creada bajo el apoyo del director Pueyrredón en Buenos Aires. Escribió composiciones musicales para acompañar al actor Morente en sus representaciones teatrales. “Allí mismo se vinculó con Camilo Henríquez, ex sacerdote liberal chileno, periodista y autor teatral. Con él colaboraría, en el destierro, para la transformación político-social de Chile. Como poeta, Lafinur entregó al periodismo porteño de la época una abundante producción. Como periodista colaboró con Camilo Henríquez en ´El Censor´ y en ´El Curioso´ y con Pedro Feliciano de Cavia en ´El Americano´. Su prédica se levanta siempre a favor de la organización liberal democrática del país”, repasa Delfina Varela, en un documento publicado por el Archivo Filosófico Argentino.
La historiadora Teresa Fernández Bengoechea considera que Lafinur fue un hombre de la Ilustración, destacado como periodista, filósofo, docente y poeta. “Su versátil pluma le permitió abarcar temas políticos y filosóficos, desde la prensa o la cátedra. En verdad su vida fue breve, pero la vitalidad de su pensamiento, que trascendió su propio tiempo, es extensa. Sobresalió también como polemista y hombre del teatro, cuando éste era una poderosa arma para conmover la opinión pública”, dice Fernández.
Entre 1819 y 1820, el puntano ocupó la cátedra de Filosofía en el Colegio de la Unión del Sud. Debió abandonarla luego ante la apasionada oposición que contra ella se levantó.
“Siendo muy joven se quitó la toga, al iniciar el dictado de sus clases, y continuó sus lecciones en traje de calle. Con ello materializó su interés por secularizar la filosofía, independizándola del escolasticismo al incorporarla a nuevos espacios libertarios. Por otra parte, a pesar de la prevalencia de lo militar y patriótico en su obra, en igual medida él se inspiró en las cuestiones mundanas y en la crítica social, como en su poema El Fanatismo: (…)/ ¿Cuál es la causa fatal/ De la falta de instrucción, / De haber tanto motilón/ Y de propagarse el mal?/ ¿Quién el de que un animal/ Nos elogie el servilismo?/ El fanatismo”, agrega Fernández quien prologa el libro “En torno a Lafinur” donde Gez y Varela, a través de los escritos de Lafinur, contemplan dos siglos de historia y comprenden la gravitación de sus ideas.
Fernández recuerda que a los doce años se aproximó por primera vez a la vida del adelantado puntano. “Uno de los más destacados poetas del neoclasicismo rioplatense, Juan Cruz Varela, le dedicó estos versos, que resumen su universo creativo: (…)/ Después cuando enseñaba/ Vi la filosofía,/ Como en la culta Europa/ Aquí en la Patria mía/ Tributar me propuse/ La alabanza debida/ A Lafinur, el joven/ A quien con rabia impía/ El genio furibundo/ Del fanatismo mira,/ Y a quien desde muy tierno,/ Tierna amistad me liga./ En el laudable empeño/ Mi mente se fatiga/ Por encontrar palabras/ De su alabanza dignas:/ Pero rebelde el canto, / Ni a la amistad se brinda/ Que la invoqué anhelante/ Y sonó Amor la lira”, comparte.
Primer exiliado del país y constructor de la Puntanidad
Crisóstomo, que usaba también el seudónimo “Sinforiano”, se refugió en la Sociedad Secreta Valeper, desde donde siguió bregando por la transformación docente del país y por la secularización de sus estudios. “Dejó Buenos Aires en 1821, llamado probablemente por otra sociedad similar a la Valeper que funcionaba en Mendoza. En el Colegio de la Santísima Trinidad -que reunía alumnos de Mendoza, San Juan y San Luis- Lafinur enseñó Filosofía, Literatura, Música y Francés. Su enseñanza reposó en los principios de la filosofía moderna que había enseñado en Buenos Aires. Corrían los años de la reforma rivadaviana. A la enseñanza impartida por la Universidad de Buenos Aires, el Colegio de Mendoza hacía eco prolongado con Güiráldez y Lafinur a la cabeza. El gobernador de Mendoza, Pedro Molina y su ministro Videla hacían otro tanto en las esferas político-sociales. En la Sociedad Lancasteriana de Mendoza pudo Lafinur defender los principios filosóficos que impartía en las aulas. Pero, nuevamente, se despertó una airada oposición clerical. En cuanto cayó el gobierno que lo sostenía, Lorenzo Güiráldez y Lafinur fueron expulsados del colegio. Lafinur debió pasar al destierro”, repasa la biografía de Delfina Varela quien, en su tesis doctoral, señala que en el precursor del pensamiento argentino convivieron dos épocas: la colonial y la revolucionaria.
Lafinur pagó con el exilio su convicción filosófica. Tuvo que vivir en Chile en 1822. En la Universidad de San Felipe se graduó en Derecho Civil. También se vinculó al periodismo chileno. Se casó con Eulogia Nieto. Murió a los 27 años, el 13 de agosto de 1824.
El historiador José Villegas se puso en la piel del “Señor de las Ideas”, Lafinur: “El filósofo piensa y duda, hasta que decide, y su opción fueron siempre las cosas imposibles, porque de lo posible se sabe demasiado. El visionario soñando en el devenir, se angustia y sufre el presente, porque puede, don de pocos, ver más allá, porque por eso mismo siente la incomprensión y la infamia a flor de piel, siente que le pesa la reacción de los intolerantes, de los fundamentalistas, de los fanáticos y de los perversos que lo atormentan desde los púlpitos, los estrados, los banquetes de la oligarquía, los despachos del pusilánime poder político y, desde las cátedras donde vuelve a instalarse la enseñanza que atrasa mentes, que calla bocas e infunde la sujeción, el terror y la culpa”, describe.
Desde 2007, luego de 183 años, los restos de “Sinforiano”  descansan frente al Museo de la Poesía en La Carolina, donde además se atesoran sus escritos entre un laberinto de pircas.
Lafinur fue tío abuelo de Jorge Luis Borges, quien le dedicó su ensayo “Nueva refutación del tiempo” y publicó, en “La moneda de hierro” (1976), un soneto en su honor.
Durante el 2015, para la Semana de la Puntanidad y el Sanluisismo, el gobernador Alberto Rodríguez Saá le dedicó unas emotivas palabras al primer exiliado del país y constructor de la Puntanidad: “A Lafinur le decían el hijo de La Carolina, su poesía nos cuenta el dolor de La Carolina, la minería, su afán libertario de la guerra de la independencia. Es uno de los cinco filósofos que está incluido en el diccionario de habla hispana de Ferrater Mora”.
Fuente: ANSL